Sobre nosotros

El Colectivo Cine Fórum se formó en 1989 con el fin de aportar a la difusión y valoración de la creación audiovisual centrada en una reflexión sobre los Derechos Humanos y los problemas sociales del ser humano y sus culturas.

Promueve espacios de encuentro, reflexión, formación, creación y difusión del patrimonio de los pueblos tales como conciertos, presentaciones literarias, ferias, actividades de discusión y festivales de cine. Rescata la memoria histórica registrando los vestigios vivos de la ciudad y sus cicatrices. Busca establecer una conexión entre la memoria viva y las nuevas generaciones de manera de comprender y reconocer una historia común que nos enseña el valor de posicionar la defensa de los derechos humanos y su promoción en instancias comunicacionales, sociales, culturales y educacionales, presenciales y/o virtuales.

A través de sus plataformas web: cineforum.cl, cerrodelamemoria.cl, elcineotro.cl y sus redes sociales, el Colectivo Cine Fórum ha desarrollado una exhaustiva labor de divulgación en las que publica sus creaciones audiovisuales, sus registros gráficos y sonoros, sus creaciones literarias, sus talleres, sus muestras de cine y sus actividades de socialización cultural, todas ellas orientadas tras la defensa, promoción y reflexión acerca de los Derechos Humanos para que la sociedad civil tenga bastantes espacios de información, preparación y debate de manera de propugnar que el Estado asegure su cumplimiento y la reparación cuando se los vulnera.


Breve Historia

El Colectivo Cine Forum se formó en 1989. Sus actividades se iniciaron con una muestra de películas censuradas por la dictadura, como La batalla de Chile (Chile, 1972-1979), de Patricio Guzmán; Imagen latente (Chile, 1988), de Pablo Perelman; El último tango en París (Francia, Italia, 1972), de Bernardo Bertolucci; y La última tentación de Cristo (USA, Canadá, 1988), de Martin Scorsese, entre otras. En 1990, inicia la exhibición de ciclos de cine en 16 mm., en un local de la calle Cochrane. Durante esta década, realiza dos cortometrajes y dos talleres de cine, y participa como asistente en películas que utilizan como locación la ciudad de Valparaíso. Entre estas películas, se encuentran: Amnesia (Chile, 1994), de Gonzalo Justiniano, y Viva Crucis (Chile, 1994, inconclusa), de Patricio Kaulen. En 2002 y 2003, realiza las muestras “Cine del Pacífico”. Desde 2007, realiza el Festival de Cine Social y Derechos Humanos “Cine Otro”. En 2008, realiza la 1ª Muestra de Cine de los Pueblos Indígenas y desde 2009, el Festival de Cine de los Pueblos Indígenas “Cine Otro” que, en 2010, pasa a llamarse Festival de Cine de los Pueblos Orginarios y de las Naciones sin Estado “Cine Otro”.[5]

Estos festivales se han exhibido en las salas Rubén Darío y Musicámara de la Universidad de Valparaíso, el Teatro Municipal de Valparaíso, el Centro Cultural IPA, el Teatro Condell, el Parque Cultural de Valparaíso (Ex-Carcel) y, desde 2013, en la Sala Valparaíso Mi Amor, lugar donde actualmente funciona el Cine Forum. Sus muestras son gratuitas y abiertas a todo público, y su realización ha significado un considerable esfuerzo por parte de sus organizadores, quienes han contado con un escaso apoyo por parte de la institucionalidad cultural del Estado de Chile, con excepción de la obtención de un par de fondos concursables.

Según la convocatoria del 4º Festival de Cine Social y de los Derechos Humanos, realizado en enero de 2010, los festivales “Cine Otro” tienen por objetivo difundir la creación audiovisual centrada en la reflexión sobre los Derechos Humanos –las problemáticas sociales de hombres y mujeres, de sus pueblos y culturas– que a través de recursos estéticos, estilístico, formales, genéricos y de formato plasme y transmita un mensaje que alerte o dé luz acerca del pasado, presente y futuro de la humanidad. De este modo, se busca elevar el papel del cine como fenómeno cultural al de una manifestación rica y profunda que muestra y cuestiona las creaciones humanas cuando se utilizan contra y en detrimento de la libertad y la justicia de los seres humanos.

En esta línea, el Colectivo Cine Forum manifiesta una postura política clara de oposición al neoliberalismo, junto a la cual “se cruzan las tareas de la memoria histórica, memoria local y la posibilidad de crear un cine porteño que cumpla estas expectativas”. Por otra parte, en la convocatoria del 6º Festival de 2012, realizado poco antes de un fatal incendio que hizo arder parte de su patrimonio fílmico, y con motivo de los conflictos políticos desarrollados en el último tiempo en varios países del mundo, incluido Chile, Cine Forum diferencia su posición aún más, en los siguientes términos: Informamos que nuestro festival es contrario a la cultura oficial condescendiente, y que quiere interpelar a los distintos festivales de cine de Chile que en nombre de los derechos humanos, las diferencias sociales, la ruralidad, la memoria histórica y lo étnico sólo cooptan aquellos discursos y realidad para sus intereses comerciales, y así encausarlos en una concepción inofensiva de la cultura, sin interpelaciones a la clase dominante.

En estos documentos se observa un proceso de maduración y diferenciación de la posición política de Cine Forum, respecto de otros festivales de cine en Chile. Por un lado, ésta recoge elementos del cine político latinoamericano de las décadas de 1960 y 1970, como los debates en torno a las películas exhibidas y la búsqueda de una intervención política en algún sentido. Y, por otro, elementos que dan cuenta de una ampliación del entendimiento del concepto de cine político, en vistas a una defensa de los derechos humanos, como se explica más adelante.

Gran parte del material fílmico y audiovisual expuesto en las distintas versiones de los festivales “Cine Otro”, se concentra en trabajos, cuyo horizonte es la difícil reconstitución de la memoria histórica y política en Chile y otros países de Latinoamérica y el mundo. Hacerlos visibles ha sido uno de los más relevantes aportes de estos festivales y muestras, pues proporciona elementos para la elaboración y desarrollo de una conciencia política, un sentido histórico y un sentido moral, en vistas a una mejor comprensión y defensa de los derechos humanos. Esto es de especial importancia en el caso de aquellas generaciones formadas bajo la dictadura cívico-militar de Pinochet (1973-1990), cuyos integrantes, en su mayoría, no tuvieron la opción de acceder a un conocimiento y una reflexión acerca de los crímenes vinculados al terrorismo de Estado a través del cine, sino hasta la edad adulta, gracias a algunas muestras parciales en distintos festivales, más o menos a partir de fines de la década de 1990. Pero, sobre todo, gracias al sostenido esfuerzo de Cine Forum, que estructuró dos festivales consagrados a éstos y otros asuntos relevantes para una autocomprensión generacional, identitaria y humana, en el contexto de la historia política reciente de Chile y Latinoamérica, cuyos traumas continúan abiertos y activos, al igual que en otras partes del mundo.

Por otra parte, siguiendo una práctica de los antiguos cineclubes, y del cine político de las décadas de 1960 y 1970, sus exhibiciones han promovido debates que debieran ser de interés no sólo para los realizadores y el ámbito cinematográfico en general, sino también para un amplio espectro cultural que incluye, entre otros, a organizaciones sociales y políticas, estudiantes, profesores, académicos, investigadores en distintas áreas vinculadas a la educación, las ciencias humanas, la filosofía, las artes, el lenguaje, la imagen, las comunicaciones y la búsqueda del conocimiento en general, dada la amplitud y complejidad de los asuntos presentados. Tras cada exhibición, el público ha tenido la opción de expresar su opinión y participar en la premiación de las películas consideradas más destacadas de cada franja.

De este modo, las imágenes de esas películas permanecen en la memoria interior del espectador activo, en mayor o menor grado, como si se hubiese configurado un mundo otro distinto al difundido por la cultura oficial y el mercado. Allí están los vestigios de esa duración, de ese tiempo perdido que espera ser buscado, activado y elaborado desde ese interior, para una conciencia más lúcida del presente.