LA MEMORIA EN CLAVE EDUCOMUNICATIVA.
Rodrigo Aliaga Romero
Mientras no reconozcamos el hecho palpable de que los sistemas educativos se han
quedado cortos para mostrar guías validas a las nuevas generaciones no podremos
superar la anomalía de no saber para qué destinamos tiempo y recursos en sostenerlos.
La crisis de la escuela viene evidenciándose en una agonía de medio siglo en que dejó de
dar cuenta del sentido que la justificó. Dejó de ser un referente de conocimiento y quedó
como un espacio de interrelaciones humanas, paradójicamente cuando su sinsentido
trasluce que está más cercana a las cárceles. El conocimiento hoy se juega en las redes y
los valores en el mercado. Claro, porque la IA entrega las lecciones y las transacciones
indican a quién apostar. El auge del neofascismo es la punta del ice berg de una trama
de pautas éticas que se juegan a conveniencia de quien maneja los algoritmos.
El control de la disidencia opera allí donde no puede llegar la manipulación de los
intereses del capital y pasa a ser la única función del Estado. Para todo lo demás el
descrédito de las instituciones opera para su desmantelamiento. Reforma tras reforma
en salud, educación y trabajo, la política inerme va fracasando porque se impone la idea
de que en las soluciones no se involucra ni el tiempo ni el bolsillo de los usuarios. Nadie
quiere poner de su parte en ellas.
Cuando pase el chaparrón fascista encontraremos un Estado inútil y deficiente, que no
podrá justificarse a sí mismo, y a grandes masas empobrecidas, golpeadas por la
autoflagelación y con rencores profundos por los efectos del odio. También habrán
entregado gran parte de sus creencias a quienes dan contenido a sus soportes
tecnológicos. Será el momento de asumir nuevas pautas de sociabilidad en las que otras
generaciones dotarán de nuevos sentidos a las instituciones o a lo que quede de ellas.
Durante el trance de la llamada Batalla Cultural del fascismo, son puestos en entredicho
consensos básicos y conceptos como tolerancia, diversidad e inclusión son tildados de
“ideológicos”. Además, intentarán ser demolidos los preceptos instalados por la
ilustración intentando resignificar conceptos como la libertad, la igualdad y la justicia. El
sustrato simbólico será absorbido por la hegemonía de la hipocresía del capital y las
contradicciones irán minando la credibilidad de las nuevas generaciones hasta hacerlas
desconfiadas y desesperanzadas. Parecerá que han trocado su capacidad de imaginar
nuevos mundos posibles por una creatividad meramente funcional y los intentos por
reescribir la historia darán campo fértil al negacionismo.
Pero las dinámicas de la historia no acaban con los ronquidos de los gorilas ni con el piar
de los devotos. Si proclamamos la necesidad de una ciudadanía crítica no es sólo porque
sea un deseo de un grupo de intelectuales. Es consustancial a la humanidad la inquietud
que desde la estimulación de la expresividad deriva en la imaginación revolucionaria. Por
ello encontramos entre las más altas dimensiones de las competencias ciudadanas el
empoderamiento y el ejercicio creativo que no se contenta con lo hecho, lo dado y lo
mostrado. El contexto en el que nos desenvolveremos nos plantea nuevos desafíos
como el de contrarrestar el control de los medios de comunicación más allá de quien
tenga el turno de controlarlos. Por una parte, hemos ido comprendiendo su poder y, por
otra, siempre van a haber nuevas visiones pugnando por reflejar la profundidad humana.
El espejo de los deseos siempre posibilitará nuevas imágenes de nosotros mismos pues es
ilimitada la capacidad de concebir realidades mientras la humanidad sea tal.
Los sistemas educativos verán necesariamente una transformación a pesar de la
resistencia de quienes hoy en día los sostienen. Estos no hacen más que prolongar su
hagonía y las condiciones sociopolíticas están profundamente vinculadas con ello. La
reproducción de la sociedad de la que hoy son parte las escuelas no puede sino provocar
una distorción en las necesidades humanas al impedir el cuestionamiento de las
motivaciones del existir. Los espacios libres deben reemplazar al modelo carcelario. La
implicación de la educación en cada una de las dimensiones sociales y principalmente en
la comunicación demostrará que las competencias mediáticas son fundamentales para la
reconstrucción de los consensos humanos. Por ello está destinada a la creación de
contenidos más potentes y agudos y de medios alternativos que puedan pugnar con las
visiones pretendidamente oficiales del capital.
La Memoria y los Derechos Humanos de la mano del empoderamiento juvenil hará
brotar contenidos mediáticos que gracias a la capacidad de crear las imágenes del futuro
reconstruirán los sueños por los que muchos han muerto. Sus búsquedas serán nuevas
búsquedas y ese será su homenaje.
LA MEMORIA EN CLAVE EDUCOMUNICATIVA
